“Que (la filosofía) no se trata de una ciencia productiva, es evidente ya por los que primero filosofaron. Pues los hombres comienzan y comenzaron siempre a filosofar movidos por la admiración; al principio, admirados ante los fenómenos sorprendentes más comunes; luego, avanzando poco a poco planteándose problemas mayores, como los cambios de la luna y los relativos al sol y a las estrellas, y la generación del universo. Pero el que se plantea un problema o se admira, reconoce su ignorancia. (Por eso también el que ama los mitos es en cierto modo filósofo; pues el mito se compone de elementos maravillosos). De suerte que, si filosofaron para huir de la ignorancia es claro que buscaban el saber en vista del conocimiento, y no por alguna utilidad.
Y así lo atestigua lo ocurrido. Pues esta disciplina comenzó a buscarse cuando ya existían casi todas las cosas necesarias y las relativas al descanso y al ornato de la vida. Es, pues, evidente que no la buscamos por ninguna otra utilidad."
Aristóteles, Metafísica.
"Cuando
nació Afrodita, los dioses celebraron un banquete y, entre otros,
estaba también Poros, el hijo de Metis. Después que terminaron de
comer, vino a mendigar Penía,
como
era de esperar en una ocasión festiva, y estaba cerca de la puerta.
Mientras, Poros, embriagado de néctar -pues aún no había vino-,
entró en el jardin de Zeus y, entorpecido por la embriaguez, se
durmió. Entonces Penía, maquinando, impulsada por su carencia
de recursos, hacerse un hijo de Poros, se acuesta a su lado y
concibió a Eros. Por esta razón, precisamente, es Eros también
acompañante y escudero de Afrodita, al ser engendrado en la
fiesta del nacimiento de la diosa y al ser, a la vez, por naturaleza
un amante de lo bello, dado que también Afrodita es bella. Siendo
hijo, pues, de Poros y Penía, Eros se ha quedado con las siguientes
características. En primer lugar, es siempre pobre, y lejos de
ser delicado y bello, como cree la mayoría, es, más bien, duro
y seco, descalzo y sin casa, duerne siempre en el suelo y
descubierto, se acuesta a la intemperie en las puertas y al borde de
los caminos, compañero siempre inseparable de la indigencia por
tener la naturaleza de su madre. Pero, por otra parte, de acuerdo con
la naturaleza de su padre, está al acecho de lo bello y de lo bueno;
es valiente, audaz y activo, hábil cazador, siempre urdiendo alguna
trama, ávido de sabiduría y rico en recursos, un amante del
conocimiento a lo largo de toda su vida, un formidable mago,
hechicero y sofista. No es por naturaleza ni inmortal ni mortal, sino
que en el mismo día unas veces florece y vive, cuando está en la
abundancia, y otras muere, pero recobra la vida de nuevo gracias a la
naturaleza de su padre. Mas lo que consigue siempre se le escapa, de
suerte que Eros nunca ni está falto de recursos ni es rico, y está,
además, en el medio de la sabiduría y la ignorancia. Pues la cosa
es como sigue: ninguno de los dioses ama la sabiduría ni desea ser
sabio, porque ya lo es, como tampoco ama la sabiduría cualquier otro
que sea sabio. Por otro lado, los ignorantes ni aman la sabiduría ni
desean hacerse sabios, pues en esto precisamente es la ignorancia una
cosa molesta: en que quien no es ni bello, ni bueno, ni
inteligente se crea a sí mismo que lo es suficientemente. Así,
pues, el que no cree estar necesitado no desea tampoco lo que no cree
necesitar.
-¿Quiénes
son, Diotima, entonces -dije yo- los que aman la sabiduría, sino son
ni los sabios ni los ignorantes?
-Hasta
para un niño es ya evidente -dijo- que son los que están en medio
de estos dos, entre los cuales estará también Eros . La sabiduría,
en efecto, es una de las cosas más bellas y Eros es amor de lo
bello, de modo que Eros es necesariamente amante de la sabiduría, y
por ser amante de la sabiduría está, por tanto, en medio del.
sabio y del ignorante. Y la causa de esto es también su nacimiento,
ya que es hijo de un padre sabio y rico en recursos y de una madre no
sabia e indigente. Ésta es, pues, querido Sócrates, la
naturaleza de este demon. Pero, en cuanto a lo que tú pensaste que
era Eros, no hay nada sorprendente en ello. Tú creíste, según
me parece deducirlo de lo que dices, que Eros era lo amado y no lo
que ama. Por esta razón, me imagino, te parecía Eros totalmente
bello, pues lo que es susceptible de ser amado es también lo
verdaderamente bello, delicado, -perfecto y digno de ser tenido
por dichosso, mientras que lo que ama tiene un carácter diferente,
tal como yo lo describí.”
Platon. El
Banquete.